En
un lugar muy lejano dentro tu mirada, donde exploto de felicidad, me encuentro
yo [D]escribiéndote.Y he de admitir que me cautiva pensar que el destino tuvo
que ver en esto de mi enamoramiento fugaz e intenso. Sinceramente mi parte
racional es la que predomina en mí, pero desde el día en que te conocí, esa
teoría comenzó a caminar en la cuerda floja…
La
mirada es el espejo del alma dicen, pero para mí es la entrada de la misma.
Para poder expresar claramente lo que provocas en todo mi ser, antes debo
confesarte mi forma de ser, mi forma de amar.
Hace
años, yo tan solo era una chiquilla, que creía que vivía la vida vorazmente. Chiquilla,
que por un breve tiempo creyó haber tropezado con el verdadero amor de su vida,
y he de confesarte, que fue el primer amor, y por más daño que ese amor tatuó
en mi piel dorada, no me arrepiento de nada, ya que me hizo cenizas pero antes
de ello me convirtió en fuego. Aquel amor me tatuó bellas sonrisas en la
espalda, pero tintó de negro una parte de mi loco corazón. A día de hoy eso es
sólo un recuerdo que me gusta alimentar con las palabras: “todo sucede por
algo, y de algo se aprende”.
No
culpo a nadie de que ahora mismo mi forma de amar se haya convertido en otra,
como si de una metamorfosis se tratara. Mi forma de amar es loca, apasionada,
intensa, quizá presente rasgos bipolares, pero sé que aporta luz y alegría.
Esto casi lo puedo afirmar por las confesiones de amantes nocturnales,
compañeros pasionales, colegas de sonrisas, artistas con los que he compartido lienzo
en un universo paralelo.
En
mis relaciones, si se las puede llamar así, suelo ser la que flota en las palabras
que ninguno de los dos se atreve a decir, y la que desata las cadenas para que
cada uno pueda hacerse viento. Esto al principio a todos gusta, y es cuando
establecemos por ambas partes “el pacto”, pero este pacto se ve deteriorado en
cuanto quieren más, aquel “más” que yo no puedo dar, o no me siento capaz de
dar. Toda la magia creada en nuestros cuerpos, en nuestro respirar, se
desvanece en el momento que deja de ser el momento y se transforma en asesino,
asesino del hermoso vínculo creado, dibujado, esculpido, tallado por mi manera
de besar las sonrisas. Y es así como he ido creando mis historias de vida, de
exquisito placer, de tropecientas mil formas de sentirme salvajemente viva.
Algunos piensan que he construido una vida vacía, inundada por una soledad
extrema con hambre voraz de enamorarse, y lo que ellos no saben es que
enamorada estoy de mis ganas de sentir, de florecer en un mar de pasión, de
nadar en lágrimas de alegría y tristeza, de ese esplendoroso equilibrio entre
el otoño y la primavera, pero la palabra enamoramiento pierde sus estribos por
mi LIBERTAD. Y es así como el amor se ve locamente enamorado de la libertad.
Me
conoces no desde hace mucho, pero yo siento que en una de mis otras vidas te he
conocido. No conozco tus manías, ni tus impulsos llenos de vida. Tú tampoco
conoces mis secretos, ni miedos, ni rarezas, ni manías, pero lo cierto es que
muero de enormes ganas por presentártelos.
En
mi refugio donde la belleza son los colores, mis ojos son quienes gobiernan en
mi forma de percibir los encantos y desencantos de los seres. VEO COLORES.
Colores de plenitud, de esencias, de personalidades, de belleza, de locuras…
Dichos ojos, que van de la mano de mis subliminales emociones, asignan un
determinado color. A tu exquisita forma de ser, le asignaron un color, de
pureza, bondad, dulce timidez, exquisita ternura y transparencia.
Mis
sentidos captan tus maneras de ser, tus formas de enloquecer, tus maravillosas
indecencias que cautivan. Deliciosas simplezas en tu forma de desenvolverte.
Declaro
ante un tribunal de locos, que me convertiría en aire, para que me respires y
entrar en tus pulmones, ansiosos de fumarse la vida. Declaro también, que si me
susurras locuras, me convierto en fuegos artificiales.
Sólo
estoy tratando de decirte que eres la fugacidad que mi libertad ha estado
buscando. No busco que me ames, ni mucho menos, sólo deseo crear la oportunidad
de darte de mí y tu darme de ti, porque si tenemos sed, démonos de beber
mutuamente.
Busco
vivir momentos imborrables, matar la palabra curiosidad, sentirnos gigantes en un
mundo que hayamos fabricado. Que si vuelo lejos y alto, tan alto que ni
siquiera puedas verlo, tengas esa capacidad de emprender rumbo, tu propio
rumbo.
Tampoco
busco un “TE QUIERO”, lo que verdaderamente busco y necesito es un: “AMO TU
LIBERTAD”, porque yo no te contestaré con un típico “TE QUIERO”, sino con un
“MI LIBERTAD TE AMA”. También anhelo que tu cuerpo sea mi alimento, y que mis
insaciables ganas de luchar, de sonreír, de pintarte tus días de colores, sean
tu alimento.
Necesitaría
encerrarme los domingos contigo, quizá te enseñe mi cuaderno donde reflejo mis
pensamientos, o quizá te sorprenda contándote los lunares de todo el cuerpo, y
memorizando tu sonrisa en mi memoria a largo plazo. También me estremecería oír
tus delicadas y alocadas historias de pasión, encuentros carnales, desamores,
amores fugaces, porque esto se trata de conocernos el uno al otro, con sus
magníficos tropiezos y gloriosos sufrimientos.
Despertaría
contigo en tu cama de metro cincuenta, y verte dormir o roncar, me da igual,
porque probablemente este fotografiándote para cuando despiertes crear eso que
llaman sonrisa, en tu dulce rostro. Si
quieres puedes llamarme loca, es más, HAZLO. O puedes tocarme con tu mano
derecha el lado izquierdo de mi mejilla, en seguida notarás que me sonrojo,
pero ya me da igual. Desnudaría mi alma todas las veces que me lo pidieras, sin
esperar que lo hagas tú también, porque sólo espero de ti lo que tú esperas de
ti.
No
espero que seas ese tipo de chico, que todas quieren encontrar en su vida, sólo
que seas el tipo de chico que planta
girasoles en mi cuerpo con solo tocarme y mirarme.
Tengo
una lista. En esa lista tengo futuros planes, algunos puede que te parezcan
absurdos, o quizá no. Tal vez te apetezca hacer algunos conmigo, o tal vez no,
pero también existe la opción a animarme a hacerlas y mirarme, mirarme con tu
mirada todopoderosa, y decirme en voz alta que nada en esta vida puede ser
juzgado, y si en algún momento lo es, proponme que saltemos juntos aquellos
juicios insanos.
Seguramente
cada día que pasase a tu lado, se me ocurriría un nuevo adjetivo para
describirte, y si no fuese así, me lo inventaría, y terminaría creando un
diccionario con vocablos que sólo se centrasen en tu magnífica descripción.
Ojalá y algún día, nuestros labios sean uno, como una gran marea, o una
tempestad, experimentando y probando sabores que desconocían.
Intuyo
que tú también vas de la mano de tu libertad, libertad que se podría parecer a
la mía. Decirte que así como disfrutaría de tu presencia, lo haría de tu
ausencia, porque para mí el echar de menos a alguien es básico para que en el
reencuentro de entes exploten las luces, las chispas, y se produzca esa mezcla
de colores, NUESTROS COLORES.
Siento
que si voy a un concierto contigo, flotaría en mi atmosfera, en mi océano, en
donde tú serías la luna que ejerce el poder para crear las mareas. Te
susurraría cada palabra de cada canción, te besaría, te mordería, te abrazaría,
te comería y te entregaría mis ganas de absorberme en una gran pasión.
En
mi sano juicio, no sé si presientas algo de lo que te confieso en esta carta,
de verdad que no lo sé, y es por tu forma de ser, porque sabes cómo desintegrarte
y de esa peculiar manera de hacerte ARTE. Fomentas dudas en mí, pero puede que
yo también lo haga en ti. Aunque sé que soy un poco loca y niña, no sé como
idear una manera para confesarte todo esto, puede que valga un: “quieres tener
una cita conmigo”, aunque en mi opinión es algo simple, comparado con lo que
pueda nacer de la unión de nuestras almas.
Te
ofrezco mil intentos de dominar el mundo, de inventar futuros, de agotar y
rellenar la palabra esperanza. Y claro está que abrazos, abrazos y muchos
abrazos.
Tan
sólo quiero que comprendas que hay mujeres que se asemejan a las estaciones del
[D]año, y puede que yo esté en ese grupo. Y también me haría ultra feliz que
entiendas que si en algún momento te doy la espalda es para que tú conectes con
tu libertad y con tus instintos más básicos, probablemente yo esté haciendo lo
mismo. No durará mucho, pero piensa que después nos contaremos el disfrute de
la experiencia, entre muchos abrazos y caricias, contaremos y desnudaremos las
palabras que nos dé la gana de decir.
Mis
ganas insaciables de saborear la vida quieren que sepas que soy de esas típicas
personas, que se enamoran de una manera peculiar… Quizá no te dé los buenos
días cada amanecer, o te diga mil te quieros. Pero si soy la chica que conoce
mil y una formas de soltarse el pelo, para que posteriormente me lo recojas y
llenes de besos mi cuello, mi espalda…
Afirmo
que me gusta navegar en los pensamientos de mi mente, mis ideas alocadas, y te
confieso que esa manera tuya de saber mantener tu misterio, como si de una
fragancia única traída de París se tratase, me confunde, me estremece y me
altera.
No
tomes este escrito como una típica declaración de amor, ya que no lo es, porque
si te soy sincera, “amor” no es la palabra que describe lo que siento por ti.
Es algo más intenso. Y se ve alterada por la palabra “curiosidad”.
Te
diré también lo que no quiero tener contigo: como por ejemplo las típicas citas
en el cine, o los típicos regalos de san Valentín… Ese famoso 14 de Febrero,
donde se supone que las parejas, los enamorados o novios se demuestran todo su
cursi y materialista amor. Pero no me malentiendas. Te sorprendería con
detalles que tal vez te hagan explotar de alegría, de sorpresa o de timidez.
Hazme
sentir de todas las formas, conviértete en luna, sé mi equilibrio, o el compás
de mi pentagrama. Léeme y reléeme, por favor. Sé mi libro favorito, ese que
tanto adoro, ese que leo infinitas veces. Pero no el libro en formato e-book,
sino el libro LIBRO, ese que tiene su portada, contraportada y páginas, para
así poder pasar suavemente tus páginas, comprender tus palabras, y sacar la
esencia que guardas. Y ojalá fueses un libro eterno, y puede que si tú me dejas,
continuaría escribiendo en ti…
Fabriquemos
momentos en blanco y negro, en color, o en sepia. Me da igual.
Y
muy a mi pesar debo advertirte que no soy fácil ni complicada, simplemente soy
yo. Y si algún día llega un momento de turbulencias, recuerda que yo me quedaré
con los momentos intensos, porque pase lo que pasé te seguiré queriendo, pero
puede que yo no sepa con exactitud lo que quiero querer… Pero ten siempre claro
que no te haré daño, y que mi forma de ser hará todo lo que esté en sus manos
para que también sea así.
Me
encanta describirte, de todas las maneras posibles. Con miradas, con sonrisas,
con palabras, con canciones… aunque me gustaría más hacerlo mirándote a los
ojos y a los labios, tocándote o revolviéndote el pelo, a la vez que observo
como tu cuerpo toma aire al respirar.
Y
puede que llegues a pensar, que este escrito es una manera cobarde de confesar
lo que siento, pero no es así. Sí me llegas a conocer, sabrás que uno de mis
mejores amigos en casa, es mi portátil, y para cuando estoy fuera, un humilde
cuaderno lleno o no de tachones, acompañados de pensamientos o reflexiones que
emergen momentáneamente en mi ser, que son plasmados por mis ansiosos dedos.
Necesito,
que algún día no muy lejano, seas el lector de estas páginas, y comprendas que
eres el autentico destinatario de todas las palabras que aparecen en ellas.
Siento
que puedes llegar a pensar que estoy loquísima, por ver colores en un cielo
gris, o por entregarme vorazmente. Todo ello es originado por mis ganas
infinitas de sentir, quizá sienta demasiado rápido, pero solo me vale con
sentir. Pensarás también que mi forma de ser es repentina, pero la verdad es
que tengo dos versiones en la piel: la primera, la más tierna, la que ama con
pureza y blancura sin esperar ser amada; la segunda, la más temible, la que te
hará creer que solo baila para ti, la que está corriendo sin tener claro el
destino, la que anhela vivir y probar experiencias. Pero no considero a ninguna
de las dos versiones malas, todo lo contrario, son mi mezcla y combinación
perfecta. Sólo espero que sea un placer para ti, conocerlas a las dos.
En
mis días nublados, con el cielo gris destintado, prométeme que me abrazarás y
me darás un beso en la frente, porque no me es necesario que me llenes con
palabras típicas como: “todo va pasar”, “estoy contigo” o “todo irá bien”, ya
que prefiero apoyarme en la fuerza de tu abrazo, en la magia que dejarías en mi
frente al besarla. De esta forma ocurrirá ese fenómeno, que aún no he puesto
nombre, pero consiste en que mi esencia se aferre a la tuya.
No
te puedo asegurar un para siempre. Además creo que tú tampoco eres de los que
creen en los “para siempre”. Aunque debes saber que lo que tengamos será algo
único, porque lo que se tiene depende totalmente de la unión de las dos
personas, personas que si no son las mismas, dicha unión cambia, ni para bien,
ni para mal, simplemente hace única a las demás. Sospecho que no sólo será
único lo que viviremos, sino también serán únicas las ganas que tendrán mis
labios, en algún determinado momento, de besar los tuyos. ESAS GANAS TAMBIÉN
SERÁN EXQUISITAMENTE UNICAS, NO EXISTIRÁN COPIAS NI REPLICAS.
Se
me viene a la mente justo en este instante, que un día, me dijiste que no eres rencoroso,
y perdonas, pero no olvidas, a lo que yo estuve de acuerdo contigo. Sepa pues
que uno de los pilares de mi vida, es la sinceridad. Esa sinceridad, que no
todo el mundo valora, o no se entrega a ella en su totalidad. Solo sepa que
tengo la capacidad de fabricarte un abrigo de sinceridad, que te abrigue de
ella. A cambio espero miradas tuyas, que me ruboricen, palabras sinceras, y cosas
que te hagan feliz, a tu persona, a tu alma, lo que sea, que yo sabré
entenderlo. Por tanto ansío que entres en mi vida, y por ello has sido la
inspiración que respiraba mientras escribía esto. Recuerda que tu mirada,
compuesta por ese par de ojos marrones misterio, han sido los que en mi
imaginación me observaban y ruborizaban al escribir cada palabra de esta carta.
Y
bueno, que… Ojalá me quieras libre, porque para mí será un placer quererte
libre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario